El mejor regalo para la niñez: adultos que enseñen con valores y guíen con el ejemplo

Heiner Fallas periodista September 09, 2026

En el Día de la Niñez Costarricense, la celebración también debe convertirse en un llamado a madres, padres, educadores y a toda la sociedad: proteger a nuestros niños no consiste únicamente en garantizar sus derechos, sino en acompañarlos con amor, límites, respeto y valores que les permitan encontrar un buen camino para su vida.


Por Los Santos TV | 9 de setiembre de 2026

Cada 9 de setiembre, Costa Rica celebra el Día de la Niñez Costarricense. Es una fecha llena de sonrisas, actividades escolares, juegos y regalos, pero su verdadero significado va mucho más allá de una celebración.

Es también un día para que los adultos nos hagamos una pregunta fundamental: ¿qué ejemplo estamos dejando a nuestros niños?

La niñez necesita protección, educación y oportunidades, pero también necesita referentes. Los valores no se aprenden únicamente mediante discursos. Se aprenden observando cómo los adultos tratamos a los demás, cómo resolvemos nuestras diferencias, cómo hablamos en casa, cómo respetamos las normas, cómo reaccionamos ante quien piensa diferente y cómo actuamos cuando nadie nos está observando.

Una celebración con historia en Costa Rica

La defensa de la niñez tiene profundas raíces en nuestro país. El Patronato Nacional de la Infancia (PANI) fue creado en 1930 y, el 9 de setiembre de ese mismo año, su Junta Directiva aprobó una Declaración de los Derechos del Niño. Posteriormente, en 1945, el PANI impulsó la instauración del 9 de setiembre como Día del Niño, iniciativa que se concretó mediante el Decreto N.º 13 del 12 de julio de 1946, durante el gobierno de Teodoro Picado Michalski.

Desde entonces, el 9 de setiembre no pretende ser solamente una fecha festiva. Su propósito es recordar la obligación de garantizar y respetar los derechos de las personas menores de edad.

Costa Rica continuó fortaleciendo esa protección. La Constitución Política de 1949 otorgó al PANI un papel especial en la protección de la niñez, y en 1998 se promulgó el Código de la Niñez y la Adolescencia, uno de los principales instrumentos jurídicos nacionales en esta materia.

Los niños tienen derechos, pero los adultos tenemos responsabilidades

Defender los derechos de la niñez significa procurar que cada niño y niña pueda crecer con alimentación, educación, salud, recreación, seguridad, protección contra la violencia y posibilidades reales para desarrollar sus capacidades.

El Código de la Niñez y la Adolescencia establece además un principio esencial: en toda acción pública o privada relacionada con una persona menor de 18 años debe considerarse su interés superior, procurando el respeto de sus derechos y su pleno desarrollo en un ambiente físico y mental sano.

Pero ninguna legislación puede sustituir completamente lo que ocurre todos los días dentro de una familia, una escuela o una comunidad.

Por eso, hablar de los derechos de los niños debe ir acompañado de una reflexión acerca de la responsabilidad de los adultos.

Somos nosotros quienes debemos enseñarles que la libertad también implica responsabilidad; que debemos respetar a las demás personas; que no todo lo que deseamos necesariamente nos corresponde; que los problemas no se solucionan mediante la violencia; que equivocarse tiene consecuencias, pero también ofrece la oportunidad de aprender y corregir.

Los valores se enseñan principalmente con el ejemplo

Podemos pedirle a un niño que sea respetuoso, pero difícilmente comprenderá el respeto si observa constantemente agresiones entre los adultos.

Podemos hablarle de honestidad, pero nuestro comportamiento debe demostrarla.

Podemos exigir responsabilidad, pero primero debemos cumplir nuestras propias obligaciones.

Podemos enseñar solidaridad cuando nos ve ayudar a quien lo necesita; tolerancia cuando respetamos las diferencias; perseverancia cuando no abandonamos nuestros objetivos ante la primera dificultad; y humildad cuando somos capaces de reconocer nuestros errores.

Los niños escuchan nuestras palabras, pero también observan nuestras acciones.

Ahí reside una enorme responsabilidad.

Proteger no significa impedirles enfrentar la vida

Defender a la niñez tampoco significa crear un mundo en el que los niños nunca experimenten una dificultad, una corrección o una frustración.

Educar implica acompañar.

Significa establecer límites adecuados a su edad, enseñarles a distinguir entre lo correcto y lo incorrecto, permitirles asumir pequeñas responsabilidades y ayudarles a comprender las consecuencias de sus decisiones, siempre dentro de un ambiente de respeto, afecto y sin violencia.

Un niño necesita escuchar un “te quiero”, pero algunas veces también necesita escuchar un “eso no está bien”, acompañado de una explicación y de una oportunidad para aprender.

La disciplina respetuosa y la protección de derechos no son conceptos opuestos. Ambas pueden formar parte de una educación orientada a desarrollar personas responsables, empáticas y capaces de convivir con los demás.

Una responsabilidad compartida

La protección de la niñez no corresponde exclusivamente al PANI, al Ministerio de Educación Pública o a otras instituciones. El propio enfoque de protección integral reconoce la responsabilidad de los diferentes actores sociales en el cumplimiento de los derechos de las personas menores de edad.

Familia, escuela, instituciones, comunidades y sociedad tenemos responsabilidades diferentes, pero complementarias.

Y esa responsabilidad cobra todavía mayor importancia en una época en que los niños reciben constantemente información mediante teléfonos, redes sociales, videojuegos y plataformas digitales.

Hoy no basta con decirles qué contenido deben evitar. Necesitamos enseñarles a pensar, a reconocer riesgos, a cuestionar información, a respetar a otras personas también detrás de una pantalla y, especialmente, a comprender que la cantidad de seguidores, “me gusta” o visualizaciones jamás determina el valor de una persona.

El camino que les mostremos hoy será parte del país de mañana

En este Día de la Niñez Costarricense podemos entregar regalos, organizar fiestas y permitir que nuestros niños disfruten plenamente de su celebración.

Pero existe un regalo que puede acompañarlos durante toda su vida y que no se compra en ninguna tienda: nuestro ejemplo.

Que encuentren en nosotros respeto para aprender a respetar; honestidad para aprender a ser honestos; solidaridad para aprender a compartir; responsabilidad para cumplir sus deberes; perseverancia para levantarse después de una caída y amor suficiente para saber que siempre tendrán un lugar seguro donde acudir.

La niñez tiene derecho a soñar, jugar, aprender, preguntar y crecer protegida. Los adultos tenemos la responsabilidad de procurar que ese camino esté iluminado por valores.

Porque algún día esos niños serán quienes eduquen, trabajen, emprendan, gobiernen, comuniquen, produzcan y formen nuevas familias.

Por eso, este 9 de setiembre, además de decirles “¡Feliz Día de la Niñez!”, quizá debamos hacerles una promesa:

ser mejores adultos para que ellos tengan mejores ejemplos.

Los Santos TV
La niñez de hoy construye el Costa Rica del mañana.




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